Los capibaras son los guardianes secretos de la historia
Muy arriba en las montañas, bajo un yuzu de mil años, una fuente termal brilla dorada. Es la Poza del Tiempo, y los capibaras de la Orden llevan remojándose en ella más tiempo del que nadie recuerda. Remojándose, sí. Y también vigilando.
La Orden viaja como los capibaras hacen todo: por el agua. El yuzu sobre la cabeza no es un sombrero. Es la llave, una gota de magia del solsticio que le dice a la corriente cuándo dejarte salir.
Cuando un momento frágil de la historia empieza a enredarse, un bara se desliza en la poza y emerge en otro siglo. Un canal que debe abrirse. Una lámpara que debe encenderse. Un cohete que debe partir a su hora. Arreglan el flujo, no se llevan el mérito y están en casa para el baño de la tarde.
La historia nunca los vio.
De eso se trataba.





